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Archive for the ‘Bilbao’ Category

Llevo mucho tiempo sin publicar más noticias fonetásticas. Entre otras cosas, he estado ocupada con los preparativos de la fiesta del cumpleaños de mi hijo mediano que ahora tiene 4 años.

Celebramos su día en el bar Grand Prix en Bilbao con los amiguitos del protagonista y sus padres. Tanto los peques como los mayores lo pasamos pipa. Después de los bocadillos, el pastel de barco pirata del Pato Donald, los regalos, la canción y los juegos, cuando una de las niñas se iba a marchar, una madre quiso que su hija se despidiera en la otra lengua que hablamos en mi familia, el noruego. Vaya faena que se montó cuando le dije como se dice en noruego. La madre se asustó ante semejante grosería de despedida “jode, no puede ser…. ¿jode???” contestó casi susurrando para que su hija no lo oyese cuando intentó repetir el “hade” noruego.

El caso es que la despedida, hade, se pronuncia así.

Entre el ruido de los tantísimos niños la madre de la niña, sin embargo, lo percibió así.

Cómo joden los falsos amigos. Porque esto es un buen ejemplo de lo que se llama un falso amigo, que según Wikipedia  “[…] es una palabra de otros idiomas que se parece, en la escritura o en la pronunciación, a una palabra en la lengua materna del hablante, pero que tiene un significado diferente.”  Me acuerdo de mi año como estudiante de intercambio en Venezuela de la historia de la chica estadounidense que había dicho a su madre anfitriona que estaba embarazada (embarrased en inglés significa avergonzada). Podría dar miles de ejemplos, pero creo que ahora entendéis el concepto.

Ahora os quiero enseñar, por medio de los fantásticos espectrogramas, por qué estas palabras entre sí se parecen mucho. Primero os enseño como se ve la palabra hade):

Y jode (y ahora podéis apreciar la prueba acústica de mi acento noruego. La /d/ intervocálica en pricipio tiene que pronunciarse como una fricativa sonora interdental [ð], pero aquí tenéis la prueba de mi fallo, ya que hay una pequeña oclusión en la /d/:

En los dos casos se trata de palabras bisilábicas de sílabas abiertas (la última sílaba de hade puede ser que sea trabada, porque hay un elemento de aspiración en la coda). Los segmentos en ambas palabras son bastante parecidos, pero a mí me llama la atención las vocales tónicas- la a tónica (y larga) noruega y la o tónica castellana.

En realidad, la realización mía de hade podría ser una realización viable de jode, teniendo en cuenta que todos los segmentos que constituyen hade son, en algún dialecto del mundo hispano, posibles alófonos del los segmentos de jode.

Bueno , esto es todo por ahora. ¡Os dejo con un “hade”!.

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Todos los dias llevo a mis dos pequeños al cole. Primero cogemos el tren de Etxebarri a Atxuri. Allí pillamos el tranvía hasta llegar al puente de Calatrava que queda cerca del colegio. En estos viajes cotidianos a los pequeños les gusta validar los tíquets, les gusta abrir las puertas de los trenes y les gusta repetir lo que dice la señora de los altavoces que avisa la siguiente parada de la ruta. Mi hijo de cinco años repite bien todos los nombres, pero el de tres años no siempre percibe del todo lo que dice esta señora a través de los altavoces, así que, su reprodución en muchas ocasiones sale mal.

¿Por qué? Principalmente tiene que ver con las ondas sonoras que emiten los altavoces, ya que no emiten todo el espectro natural. Un teléfono, por ejemplo, solo emite las ondas entre 300 y 3300 Hz. aproximadamente. Algo parecido ocurrirá en las altavoces del tranvía de Bilbao (para el lector familiarizado con el danés he aquí una página que explica este fenómeno de forma espléndida). Los sonidos que se distiguen acústicamente entre sí por las frecuencias altas, como la /f/ y la /s/, son los que más sufren.

Luego, tiene que ver con el entrenamiento lingüístico de mis hijos. El de cinco años lleva dos años y dos meses más practicanto lo que es la interpretación de las ondas sonaras. Algunos sonidos son acusticamente muy parecidos y cuesta separarlos de otros.  Además, el mayor se desenvuelve mejor en el mundo y entiende más por el contexto.

Vamos a oir cuando la señora del altavoz dice RENFE.

Así lo interpreta y reproduce mi hijo de casi seis años, y así lo realiza el pequeño de tres años.

El más pequeño, que acaba de cumplir un añito, se queda en su casa sin preocuparse por tickets, puertas o nombres, practicando en su lenguaje bebé.

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